Creer en alguien implica mucho más de lo que aparenta. Cuando decimos, por ejemplo, que creemos en una persona, estamos diciendo que confiamos en ella. Creer en alguien significa estar conscientes de que lo que esa persona nos dice es la verdad.
De seguro responderíamos a la pregunta anterior de forma rápida y sin pensarlo, pero... ¿de verdad creemos en Dios? ¿Creemos que lo que Dios dice a través de su Palabra es la verdad? Siendo esto así quiere decir, entonces, que también creemos en sus promesas y en su Ley. Creemos que su amor es infinito y que nos amó de tal manera que dio a su único hijo para que muriera en lugar de nosotros (Juan 3:16). También creemos en Jesús, el hijo de Dios, y en su obra restauradora para la humanidad.
Esta pregunta abarca tanto, que a veces la respondemos incorrectamente debido a la simpleza que parece tener; pero pensemos en el significado del término "creer": Las dos primeras definiciones de esta palabra en el Diccionario de la Real Academia Española (RAE) rezan así:
Creer
1. Tener por cierto algo que el entendimiento no alcanza o que no está comprobado o demostrado.
2. Dar firme asenso a las verdades reveladas por Dios.
Al dar por cierto y dar un asentimiento firme a la Palabra revelada por Dios, estamos creyendo en Él. Ahora, ¿es eso lo que estamos haciendo en la actualidad? ¿es eso lo que declaramos cuando decimos que creemos en Dios?
Algo que se encuentra muy relacionado con "creer" es la fe; la fe es la certeza de lo que se espera y la convicción de lo que no se ve. Cuando creemos de verdad en Dios es porque nuestra fe se encuentra fortalecida. Hoy en día es difícil poder afirmar que se cree en Dios y no tener fe, puesto que esto sería una contradicción. Y ¿cómo llega la fe? Pues la fe es por el oír, y el oír, por la Palabra de Dios (Romanos 10:17).
Creamos en Dios y fortalezcamos nuestra fe a través de su Palabra, porque creyendo en Él podemos librarnos de la perdición y obtener la vida eterna (Juan 3:15).